Un gato mordió a una mujer en Casalgrande, un pueblo de 19.000 habitantes en la provincia de Reggio Emilia, en el norte de Italia, y el alcalde firmó una orden para dejar al gato en cuarentena, en arresto domiciliario.

“Comprendo que firmar una ordenanza para detener un gato puede suscitar hilaridad, pero el reglamento de la policía veterinaria habla claro”, se justifica el alcalde Alberto Vaccari para el desopilante caso.

En efecto, ese reglamento tiene su origen en el lejano año 1954 y, por su antigüedad y algunas normas anacrónicas, algunas asociaciones defensoras de animales lo critican.

Los veterinarios de la ASL (el sistema sanitario regional) le dieron la razón al alcalde: “Cuando un animal muerde un ser humano, estamos obligados a tener bajo control el animal, para vigilar que no haya transmitido enfermedades, como la rabia, que en Italia ha sido erradicada, pero podría reaparecer”, explican los veterinarios.

Las crónicas de los medios italianos cuentan que no es el primer caso ni será el último en Italia.

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