Este miércoles, el presidente norteamericano Donald Trump anunciará cuál es su decisión sobre este tema que tiene en vilo a Medio Oriente. Críticas y amenazas de la mayoría de los países musulmanes y grupo terroristas

Jerusalén, esa ciudad bendecida que es considerada “santa” por cristianos, judíos y musulmanes, lleva más de seis décadas como foco principal del conflicto entre Israel y gran parte del mundo musulmán. Por estas horas la tensión se reavivó ante la posibilidad de que el presidente Donald Trump traslade la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén.

Un hecho que sería histórico, ya que significaría el reconocimiento de la ciudad sagrada como capital israelí.

Ante este escenario, los países musulmanes, e incluso grupos terroristas, como el caso de Hamas y la Yihad Islámica, respaldados por Irán, han amenazado con represalias en caso de que Trump finalmente tome la decisión de trasladar la embajada.

A continuación, las cinco claves principales para entender este conflicto.

Jerusalén, una de las ciudades más antiguas del mundo, es venerada y glorificada de la misma forma por esas tres religiones.

Para los cristianos, allí tuvo lugar la vida, pasión y muerte de Jesús, y el lugar donde su cuerpo fue enterrado.

Los judíos, en tanto, veneran el Muro de los Lamentos, lugar donde se esconde la sagrada piedra de Abraham.

Por su parte, los musulmanes custodian la mezquita Al Aqsa y la Cúpula de la Roca donde, según la tradición de esa religión, se encuentra la piedra sobre la que Abraham se dispuso a sacrificar a su hijo y desde donde Mahoma fue elevado al cielo.

Esta particularidad, que la convierte en una ciudad sagrada, llevó a que Jerusalén haya sido objeto de diversas disputas, que derivaron en diferentes partes de la historia en reiteradas conquistas y reconquistas.

El 15 de mayo de 1948 estalló la primera guerra árabe-israelí. Las batallas más violentas, que se sucedieron hasta julio de 1949, tuvieron lugar en los alrededores y el interior de Jerusalén. Este conflicto llevó a la división de la ciudad: Jerusalén Este, bajo control árabe; y Jerusalén Oeste, en manos de Israel.

El poder de la parte oriental lo tuvo Jordania hasta 1967. Zona que incluía la Ciudad Vieja y los lugares sagrados. Pero ese año, tras la Guerra de los Seis Días (entre el 5 y 10 de junio), el control pasó a manos de Israel.

El Parlamento israelí aprobó una ley para brindar protección a los lugares sagrados. A través de esa medida, se garantizaba el acceso a los fieles de todas las religiones.

Este conflicto en torno a la ciudad santa se convirtió en uno de los principales focos de disputa entre israelíes y palestinos. Éstos últimos, hasta el día de hoy, continúan proclamando a Jerusalén Este como capital de un futuro estado palestino.

En 1993, en el marco de los acuerdos de Oslo, Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) acordaron que el estatus de la ciudad sería discutido en etapas más avanzadas de la negociación. En ese proceso participaron el por entonces primer ministro israelí, Isaac Rabin, y el presidente de la OLP, Yaser Arafat, con la mediación del ex jefe de Estado norteamericano, Bill Clinton.

El tema volvió a ser discutido siete años más tarde, pero no hubo acuerdo, ya que Arafat rechazó todas las propuestas que se barajaron.

La Casa Blanca es un histórico aliado de Israel. Durante décadas, su postura frente a este conflicto fue similar a la de la comunidad internacional: una solución de dos Estados. ¿En qué consiste? En un Estado de Israel, junto a un Estado palestino, con una coexistencia pacífica.

Sobre esta hipótesis ya se trabajaba en la ONU en 1947 a raíz del Plan de Partición. En 1967, en tanto, se estableció una línea de demarcación llamada “Línea Verde” con el objetivo de dividir los territorios israelíes y palestinos.

En 2009, con Barack Obama en la presidencia de Estados Unidos, Benjamin Netanyahu respaldó esa idea. Sin embargo, el crecimiento de grupo radicales terroristas en diferentes zonas, como el caso de Hamas en la Franja de Gaza, no sólo han obstaculizado una solución pacífica, sino que aumentaron las tensiones.

Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, se volvió a poner sobre la mesa la posibilidad de trasladar la embajada norteamericana a Jerusalén. En 1995 el Congreso de Estados Unidos adoptó una norma por la cual Washington debía enviar su delegación diplomática a la sagrada ciudad. No obstante, una cláusula permite a los presidentes postergar la mudanza por seis meses, potestad que han utilizado Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama y el propio Trump en su primera etapa de mandato. Todos ellos alegaban que esa postura se debía a cuestiones de seguridad nacional.

El presidente norteamericano llegó a la Casa Blanca en enero de este año. Ya en su campaña había prometido que bajo su mandato Estados Unidos fortalecería su histórico vínculo con Israel y deslizó la posibilidad de llevar la embajada a Jerusalén. Propuesta que fue recibida con beneplácito por Netanyahu.

Durante los primeros meses Trump decidió posponer esa resolución. Pero en las últimas horas esa posibilidad volvió a tomar fuerza.

“El presidente tomará la que sienta que es la mejor decisión para Estados Unidos”, anunció la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders.

Trump conversó este martes con cinco líderes de Medio Oriente para comunicarles su decisión: el primer ministro israelí Netanyahu; el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abas; el rey Abdalá II de Jordania; el presidente de Egipto, Abdelfatah Al Sisi; y el rey de Arabia Saudita, Salman bin Abdelaziz.

Trump expresó su compromiso de impulsar las conversaciones de paz entre israelíes y palestinos

La Casa Blanca se limitó a indicar, en un comunicado, que Trump había hablado con ellos sobre “posibles decisiones respecto a Jerusalén”, además de expresarles su “compromiso de impulsar las conversaciones de paz entre israelíes y palestinos” y subrayar la importancia de la “cooperación” regional para apoyar ese proceso.

Los gobiernos de Abas, Al Sisi y el rey Abdalá, reconocieron que el mandatario norteamericano expresó su intención de trasladar de Tel Aviv a Jerusalén la embajada.

“Espero volver a recibirlo para diseñar un tratado de paz con Israel”, le manifestó el pasado 3 de mayo Trump a Abas, luego de haber recibido al presidente palestino en la Casa Blanca.

Desde un comienzo el mandatario se ofreció a ser un “facilitador” para encontrar un acuerdo pacífico entre israelíes y palestinos.

La decisión de Trump fue recibida con palabras de repudio y hasta de amenazas por buena parte de los países musulmanes. Incluso grupos terroristas advirtieron represalias.

Como era de esperarse, Irán fue uno de los primeros en alzar la voz. Su presidente, Hasan Rohani, llamó a los países de la región a “romper relaciones” con Israel y criticó a algunas naciones musulmanas por haber “revelado desvergonzadamente su cercanía” con el gobierno israelí.

Si bien no mencionó a ningún país, se especula que hacía referencia a Arabia Saudita. Una de las grandes potencias de la región que, junto a Israel, consideran a Teherán como la principal amenaza para Medio Oriente.

El régimen de Turquía, por su parte, hizo referencia a una “gran catástrofe” si Estados Unidos decide trasladar su embajada y amenazó con romper relaciones con Israel.

El grupo terrorista palestina Yihad Islámica amenazó a Trump y llamó a los palestinos a unirse en su contra.

En esa misma tónica se pronunció el otro movimiento extremista palestino: Hamas. Su jefe político, Ismail Haniya, advirtió que si Estados Unidos hace efectiva esa resolución significaría “cruzar todas las líneas rojas” y convocó a los palestinos a salir a las calles para “expresar su ira”.

Frente a estas amenazas y expresiones de odio surge el temor de una eventual “ola de violencia en Jerusalén y Cisjordania, posiblemente desde Gaza”, explicó a Infobae el prestigioso politólogo israelí e investigador del Instituto Internacional para la Lucha contra el Terrorismo (TIC, por sus siglas en inglés), Ely Karmon.

El especialista consideró que, posiblemente, “la embajada físicamente permanecerá en Tel Aviv por el momento, al menos hasta las próximas elecciones presidenciales”. De concretarse esto, de todas formas el embajador sí sería enviado a Jerusalén.

Si Trump resuelve definitivamente trasladar la embajada habría dos opciones: utilizar una parcela que Estados Unidos ha arrendado desde 1989, o convertir el consulado que tiene en la ciudad sagrada en embajada.

A horas del anuncio, el Departamento de Estado emitió una circular en la que ordenó a sus empleados que eviten ir a la Ciudad Vieja debido a las manifestaciones palestinas que fueron convocadas. Este llamado también aplica para la zona de Cisjordania.

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