Los geólogos alertan que existen todas las condiciones para un terremoto de magnitud récord en el Hemisferio sur.

Un año después de que un fuerte terremoto de 7,8 en la escala de Richter azotara a Nueva Zelanda, los geólogos hacen predicciones alarmantes. Suponen que aquel hecho reactivó una falla geológica relacionada con la generación de sismos, que era considerada como “dormida”.

Según las peores prognosis de estos especialistas, se puede esperar un nuevo gran terremoto de magnitud récord de 9,0 en Nueva Zelanda, lo que provocaría también un inmenso tsunami que afectaría a las islas de la zona.

Los preocupantes movimientos tectónicos se centran en la zona de la fosa de Hikurangi, cerca de la costa este de la isla Norte de Nueva Zelanda, donde la gruesa meseta de Hikurangi se subduce bajo la corteza continental de la placa Indoaustraliana. Se consideraba que esa meseta estaba aprisionada bajo la plataforma continental, pero los científicos del centro de estudios geológicos de Nueva Zelanda (GNS) suponen ahora que ya no es estable.

La fricción entre esas dos gigantescas partes de la corteza terrestre acumula una tensión que se libera durante terremotos de intensidad variable. En el caso de Nueva Zelanda, se estima que eso podría traducirse en un posible terremoto de 9,0, según indica la geóloga Ursula Cochran.

“Básicamente tenemos que pensar en términos de Japón 2011, porque si la barrera de toda la placa se rota, sería un terremoto de magnitud 9”, explicó Cochran.

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