El magnate fue consultado sobre la particular combinación, y después de explicar su origen, confesó que él también la detesta

Nadie que haya crecido entre computadoras podría negar estar familiarizado con la “mágica” secuencia CTRL+ALT+SUPR. Casi milagrosamente, esas tres teclas seguramente nos han sacado de varios apuros al forzar a los ordenadores a detener un proceso acabando con su agonía.

Resulta llamativo que para apelar a la potente combinación el usuario debe utilizar las dos manos, tres dedos y combinar una posición no del todo fácil. Entonces, ¿de dónde salió esa particular secuencia?

La duda ha sobrevolado de forma inesperada un debate organizado por Bloomberg en la Universidad de Harvard con estrellas del mundo de los negocios, entre las que se encontraba el mismísimo Bill Gates.

El filántropo multimillonario, ahora en representación de su Gates Foundation, fue sorprendido por la pregunta formulada por el moderador del debate, el también magnate David Rubenstein.
“Bill, te voy a hacer una pregunta que debí haberte formulado hace tiempo”, comenzó. “¿Por qué escogiste la secuencia CTRL-ALT-SUPR?”, preguntó aludiendo a la extraña posición de las manos.

Entre risas de los presentes y la sorpresa de Gates, quien mantuvo el silencio mientras entornó los ojos hacia arriba y se acomodó -un tanto incómodo- en su asiento, el magnate explicó el origen de la extraña combinación.
Según él, solo existe por culpa de IBM, que fabricaba los ordenadores, teclados y mouses de la mayoría de equipos con Windows y que se negaba a incluir un único botón para la función de resetear, y por eso hubo que recurrir a esta concatenación de teclas. “El tipo que hacía los diseños de los teclados IBM no quería darnos un solo botón”, comentó Gates.
Después de unos segundos, aclaró: “Las personas involucradas en esa tarea deberían haber escogido una tecla más obvia para esa función”.
“¿Te arrepientes de esta elección?”, insistió Rubenstein.
“Claro, si hubiera podido cambiarlo, habría elegido una sola tecla”, explicó, añadiendo que lo haría siempre que pudiera dar marcha atrás en el tiempo y no pusiera en riesgo “otras decisiones” de su vida.

 

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