Los relojes conectados infantiles permiten ubicarlos en forma remota, por una cuestión de seguridad, pero también implican una invasión a la privacidad, según el gobierno alemán. En la Argentina se venden varios modelos.

Alemania prohibió la venta de relojes inteligentes especialmente diseñados para cuidar a niños debido a la función que permite activar el micrófono de manera remota. El problema no tiene relación con la posibilidad de espiar a los pequeños, sino más bien con que los padres los utilizaban para monitorear a otras personas sin su consentimiento.

La Agencia Federal de la Red de Alemania estableció que los padres usaban este tipo de relojes para escuchar qué sucedía en las horas de clase con los maestros, espiando entonces a profesores. Eso, sin contar con la posibilidad de que piratas informáticos accedan al dispositivo y roben datos.

Los smartwatch para niños ofrecen diversas funciones de monitoreo, incluido posicionamiento, alarmas o llamados a números preestablecidos en caso de riesgo. Todo ello ocurre de manera remota, mediante una aplicación instalada en el celular de los padres, que además permite activar la cámara o el micrófono. En la Argentina se venden varios de estos relojes, que se promocionan, sobre todo, por una cuestión de seguridad.

El problema es que en Alemania está prohibido grabar conversaciones privadas sin consentimiento. “De acuerdo con nuestras investigaciones, los padres usaban los relojes, por ejemplo, para escuchar a los maestros durante clases”, afirmó el presidente de la Agencia Federal de la Red, Jochen Homann.

La firmeza de la Agencia en el caso quedó en evidencia con un último reclamo: que los dueños de esos relojes envíen pruebas de la destrucción de los dispositivos en cuestión.

A comienzos de año, la misma Agencia prohibió la venta de la muñeca Cayla al considerarla como un “dispositivo de espionaje”. Cayla podía escuchar y hablar con los niños gracias a su tecnología, capaz incluso de acceder a internet. Esas características permitían que los niños fueran espiados y que, además, piratas informáticos pudieran obtener datos personales de los usuarios.

“Los objetos que ocultan cámaras o micrófonos y transmiten datos ponen en peligro la privacidad de las personas. Esto también se aplica a los juguetes”, explicó la Agencia en esa oportunidad y reclamó a los padres la destrucción de Cayla.

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